Los perfiles virtuales en las redes sociales nos permiten mantenernos en el anonimato, lo que potencia nuestra capacidad para hacer realidad nuestras fantasías. ¿Cuánto de nuestra subjetividad termina convirtiéndose en producto?.
Facebook, la red social del momento, al permitirnos construir nuestro perfil, nos abre la posibilidad de fabricarnos otra identidad. Esta realidad virtual brinda la posibilidad de exhibir una imagen de nosotros mismos idealizada, y hasta ficticia, que nadie que no nos conozca en la realidad física podría constatar como inventada.
Este es el planteo que nos hace Diana Cohen Agrest, en su nota "Del conventillo a Facebook" publicada hoy en el diario La Nación. Para la autora, "cuando no media impostura alguna, el perfil del usuario suele ser la consumación de un ejercicio narcisista a compartir en un intercambio que tiene mucho de curiosidad, algo de información y nada de esa verdad insustituible que marca la presencia real del cuerpo del otro."
